Hay canciones que son como fachadas: pueden resultar muy bellas pero al final son huecas​ y ​acaban agrietándose con el tiempo.​ Otras resultan huracanes​ capaces de hacer temblar los cimientos del alma. ​Y las dos son exactamente igual de válidas. Esta es la magia del arte, que reside en el interior de cada uno —por mucho que nos quieran vender lo contrario.

Mi relación con la música es peculiar, no ​voy a negarlo; va por rachas. Pero una cosa no cambia: si ​una canción o un cantante me llega, adquiere el ​h​onor de acompañarme por siempre, como un buen ​amigo. Y da igual cuánto haga que no nos oigamos, ​q​ue siempre ​s​erá bienvenido ​de la misma forma: con una sonrisa y los ojos cerrados, para apreciar nuevamente por qué se ganó tal derecho.