luz de febrero
Febrero tiene una luz especial. Ya no es la luz dura y corta del invierno profundo, pero tampoco es todavía la luz expansiva de la primavera. Es una luz de transición, de promesa.
Salí esta mañana con una Pentax K1000 y un rollo de Tri-X. La K1000 es completamente mecánica, no necesita pilas excepto para el fotómetro. Es una cámara honesta: tú decides la apertura, tú decides la velocidad, tú enfocas.
Las calles estaban mojadas por la lluvia nocturna. Me gustan las calles mojadas porque reflejan la luz de manera impredecible. Los charcos se convierten en espejos del cielo.
Fotografié sobre todo detalles: una bicicleta apoyada contra una pared, las ramas desnudas de un árbol contra el cielo blanco, un cartel desteñido en un escaparate cerrado. Cosas pequeñas que la mayoría de la gente no mira dos veces.
Creo que eso es lo que más me gusta de la fotografía analógica: te obliga a ser selectivo. Con 36 exposiciones por rollo, cada disparo cuenta. Tienes que mirar con más atención, pensar más cuidadosamente.
Este rollo aún está sin revelar. Está en la nevera, esperando. No sé qué saldrá. Tal vez nada bueno. Tal vez algo sorprendente. Esa incertidumbre es parte de lo que hace que valga la pena.