desintoxicación
De tanto en tanto, mi cabeza pide, exige, que vuelva a mis viejos hábitos. Y como no podía ser de otro modo, con febrero a la vuelta de la esquina, colapsó y gritó ahogada el enésimo cambio.
Lo bueno de los años es que nos otorga experiencia, un olfato que vaticina tormentas y nos avisa para ponernos un chubasquero —paraguas, nunca— antes de salir de casa. Y yo he peinado canas antes de que llegaran los años.
Había pensado largo y tendido sobre el proceso, lo había imaginado tantas veces, junto con todos los posibles finales, tramas y quilombos, que creo que justo por eso no había tomado la decisión de llevarlo a cabo. Exceso de información. Demasiado dato inventado pero sobreanalizado. Así soy yo.
Pero aquí estoy. Lo que no puedo prometer es cuánto me quedaré, pero lo que sí aseguro es que he tomado la decisión de desintoxicarme y volver a mis raíces, mis orígenes.
Aunque sea por un tiempo.